A las puertas del cielo.
Hace ya varios días que divisamos a lo lejos las nevadas cumbres de algunas de las montañas más altas del planeta. Y por fin, a la altura de Samagaon, la espectacular cima nevada del Manaslu se nos aparece orgullosa. Ha llegado el momento que todos estábamos deseando, nos encontramos a las puertas del cielo.
Antes de enfilar el camino hacia los 5.160 metros del paso de Larke La, hacemos pequeñas ascensiones de aclimatación. En vez de subir al campo base del Manaslu como teníamos previsto, visitamos la gompa de Pung Gyen, enclavada en el valle anterior.
La gompa se localiza al fondo de una preciosa vega enmarcada por el imponente Manaslu y otras cimas de su cresterío. Manaslu significa “Montaña de los Espíritus”. Contemplar la montaña desparramados en la inmensa pradera mientras escuchamos “Stairway to Heaven” nos hace sentir en verdad cerca de los espíritus.
Nepal
Nuestro viaje «Conectando Bosques» nos lleva hasta Nepal. Iniciamos el relato forestal viajero de un trekking en 2019 por Nepal en el que ascenderemos hasta los bosques que se agarran a las montañas más altas del Himalaya a través de una “Escalera al cielo”.
Hemos venido a Nepal para hacer un trekking alrededor del Manaslu, con 8.156 metros la octava montaña más alta del mundo. Pero antes, me permito iniciar este relato mucho más abajo, en el Parque Nacional de Chitwan, en la llanura del Ganges. Desde allí, los escalones me conducirán a través de bosques de todo tipo hasta las alturas del Himalaya.
Nepal es una gigante escalera que comunica el reino del tigre de Bengala con el del leopardo de las nieves. Para nuestro grupo, va a ser una escalera al cielo. ¿Nos acompañas?
Viajé por primera vez a Nepal en 2010 para hacer el trekking del Annapurna y en 2019 he regresado de nuevo, esta vez rumbo al Manaslu. Y aunque éste es el relato del trekking del Manaslu de mi segundo viaje, me permito empezar a escribir por donde acabé mi primer viaje a Nepal, en el Parque Nacional de Chitwan de las tierras bajas del Terai.
En un país cuyo nombre resuena a grandes montañas y templos budistas, las llanuras selváticas de Chitwan evocan a las historias de “El Libro de la Selva”. Por algo Chitwan significa “el corazón de la selva”. Es el territorio del tigre de Bengala, del elefante y del rinoceronte indio. Y también es el territorio del pueblo Tharu, los pobladores más antiguos del Terai.
En la escasa semana que pasé en Chitwan en 2010 recorrí el parque en 4×4, a lomos de un pobre elefante, a pie y en canoa. Pero, ¿tuve el tiempo y la sensibilidad necesarios para empezar absorber la sabiduría de la selva, para escuchar el latido de la gente de Chitwan, “el corazón de la selva”?
Al pisar Katmandú por primera vez, todas las expectativas que nos hayamos generado de entrar en el paraíso de la espiritualidad se diluyen en un caos de coches, motos, bocinas y contaminación. Si además el autobús nos baja en pleno centro del barrio mochilero de Thamel, el caos se completa con torrentes de otros turistas, restaurantes, vendedores ambulantes y tiendas de material de montaña y recuerdos baratos.
Pero, si prestamos atención, descubriremos que la religión impregna cada rincón de la ciudad y, por extensión, de todo el país. El hinduismo y el budismo tibetano conviven en armonía, con una multitud de pequeños templos, estupas, pagodas y santuarios que salpican el valle de Katmandú y Nepal entero.
Recorrí el valle del Kali Gandaki en 2010 durante el trekking de los Annapurnas. En 2019 regresé a Nepal para hacer el trekking del Manaslu. Pero antes de empezar a narrar nuestros pasos por el Manaslu, voy a echar la vista atrás hasta 2010 para reencontrarme con el Kali Gandaki, un río que fluye cargado de simbolismo y de tesoros.
En nuestras caminatas a lo largo del Kali Gandaki atravesamos variados tipos de bosques: desde las choperas (Populus ciliata), que acompañan al río en su parte alta, hasta los bosques subtropicales en la zona baja. Pero en la memoria se me ha grabado uno especialmente bello: el bosque de los rododendros. Pasear entre los rododendros en flor es uno de los tesoros que nos tenía preparado el Kali Gandaki.
Los amplios valles aterrazados con cultivos de arroz, mijo y sorgo de nuestros primeros pasos en el trekking del Manaslu van dando paso a valles cada vez más angostos y más boscosos. Los bosques de Sal tree de las tierras bajas dejan paso a especies de media montaña como el Pino azul que en muchos tramos es sustituido por un bosque mixto de frondosas, en el que domina Khasru Oak y otras especies de roble. Por encima, vuelven a aparecer las coníferas, como la Picea y la espectacular Tsuga o Hemlock. Más arriba, según nos acercamos a la cota de los 3.000 metros, estos bosques van siendo sustituidos por los de Alerce y los de Abedul del Himalaya.
El Enebro del Himalaya crece hasta los 4.000 metros de altitud y su leña y hojas, muy similares a las de nuestras sabinas, se emplean como incienso. Sus troncos aparecen intensamente podados y montones de ramas apiladas se secan a la entrada de las viviendas. El Enebro quizás sea el árbol que mejor representa el vínculo entre las gentes del Himalaya y las montañas que constituyen su hogar.
Nuestro guía Prem y nuestros porteadores son de la etnia Gurung. En Nepal cohabitan numerosos grupos étnicos adaptados a sus variadas condiciones ambientales: los Bhotia viven en las áreas más inaccesibles del Himalaya, los Thakalis en el valle del Kali Gandaki, los Newaris en el valle de Katmandú, los Tharus en el Terai,… Los Gurungs son un pueblo de origen tibetano que se asentó en las laderas meridionales del Annapurna y los alrededores del Manaslu, trayendo del Tíbet algunos ritos animistas que aún perduran.
Llevamos varios días conviviendo con el pueblo Gurung. Y ya hemos podido ver que la actividad forestal es parte integrante de su forma tradicional de vida, íntimamente ligada con la agricultura y ganadería. La producción de los cultivos depende del estiércol del ganado, que a su vez precisa una fuente importante de forraje, que proviene del bosque. La leña es otro recurso básico que hasta tiempos recientes ha sido la única fuente de energía, solo sustituida por los excrementos de Yak en las zonas altas con escasez de madera. Del bosque también se obtiene madera para construcción y otros productos forestales como bambú, hierbas medicinales, setas,..
Hace ya varios días que divisamos a lo lejos las nevadas cumbres de algunas de las montañas más altas del planeta. Y por fin, a la altura de Samagaon, la espectacular cima nevada del Manaslu se nos aparece orgullosa. Ha llegado el momento que todos estábamos deseando, nos encontramos a las puertas del cielo.
Antes de enfilar el camino hacia los 5.160 metros del paso de Larke La, hacemos pequeñas ascensiones de aclimatación. En vez de subir al campo base del Manaslu como teníamos previsto, visitamos la gompa de Pung Gyen, enclavada en el valle anterior.
La gompa se localiza al fondo de una preciosa vega enmarcada por el imponente Manaslu y otras cimas de su cresterío. Manaslu significa “Montaña de los Espíritus”. Contemplar la montaña desparramados en la inmensa pradera mientras escuchamos “Stairway to Heaven” nos hace sentir en verdad cerca de los espíritus.
Escalera al cielo (6 de 7)
Los habitantes del Manaslu.
Nuestro guía Prem y nuestros porteadores son de la etnia Gurung. En Nepal cohabitan numerosos grupos étnicos adaptados a sus variadas condiciones ambientales: los Bhotia viven en las áreas más inaccesibles del Himalaya, los Thakalis en el valle del Kali Gandaki, los Newaris en el valle de Katmandú, los Tharus en el Terai,… Los Gurungs son un pueblo de origen tibetano que se asentó en las laderas meridionales del Annapurna y los alrededores del Manaslu, trayendo del Tíbet algunos ritos animistas que aún perduran.
Llevamos varios días conviviendo con el pueblo Gurung. Y ya hemos podido ver que la actividad forestal es parte integrante de su forma tradicional de vida, íntimamente ligada con la agricultura y ganadería. La producción de los cultivos depende del estiércol del ganado, que a su vez precisa una fuente importante de forraje, que proviene del bosque. La leña es otro recurso básico que hasta tiempos recientes ha sido la única fuente de energía, solo sustituida por los excrementos de Yak en las zonas altas con escasez de madera. Del bosque también se obtiene madera para construcción y otros productos forestales como bambú, hierbas medicinales, setas,..
Escalera al cielo (5 de 7)
Los senderos del Manaslu.
Los amplios valles aterrazados con cultivos de arroz, mijo y sorgo de nuestros primeros pasos en el trekking del Manaslu van dando paso a valles cada vez más angostos y más boscosos. Los bosques de Sal tree de las tierras bajas dejan paso a especies de media montaña como el Pino azul que en muchos tramos es sustituido por un bosque mixto de frondosas, en el que domina Khasru Oak y otras especies de roble. Por encima, vuelven a aparecer las coníferas, como la Picea y la espectacular Tsuga. Más arriba, según nos acercamos a la cota de los 3.000 metros, estos bosques van siendo sustituidos por los de Alerce y los de Abedul del Himalaya.
El Enebro del Himalaya crece hasta los 4.000 metros de altitud y su leña y hojas, muy similares a las de nuestras sabinas, se emplean como incienso. Sus troncos aparecen intensamente podados y montones de ramas apiladas se secan a la entrada de las viviendas. El Enebro quizás sea el árbol que mejor representa el vínculo entre las gentes del Himalaya y las montañas que constituyen su hogar.
Escalera al cielo (4 de 7)
El murmullo del Kali Gandaki.
Recorrí el valle del Kali Gandaki en 2010 durante el trekking de los Annapurnas. En 2019 regresé a Nepal para hacer el trekking del Manaslu. Pero antes de empezar a narrar nuestros pasos por el Manaslu, voy a echar la vista atrás hasta 2010 para reencontrarme con el Kali Gandaki, un río que fluye cargado de simbolismo y de tesoros.
En nuestras caminatas a lo largo del Kali Gandaki atravesamos variados tipos de bosques: desde las choperas (Populus ciliata), que acompañan al río en su parte alta, hasta los bosques subtropicales en la zona baja. Pero en la memoria se me ha grabado uno especialmente bello: el bosque de los rododendros. Pasear entre los rododendros en flor es uno de los tesoros que nos tenía preparado el Kali Gandaki.
Escalera al cielo (3 de 7)
El valle de Katmandú.
Al pisar Katmandú por primera vez, todas las expectativas que nos hayamos generado de entrar en el paraíso de la espiritualidad se diluyen en un caos de coches, motos, bocinas y contaminación. Si además el autobús nos baja en pleno centro del barrio mochilero de Thamel, el caos se completa con torrentes de otros turistas, restaurantes, vendedores ambulantes y tiendas de material de montaña y recuerdos baratos.
Pero, si prestamos atención, descubriremos que la religión impregna cada rincón de la ciudad y, por extensión, de todo el país. El hinduismo y el budismo tibetano conviven en armonía, con una multitud de pequeños templos, estupas, pagodas y santuarios que salpican el valle de Katmandú y Nepal entero.
Escalera al cielo (2 de 7)
El corazón de la selva.
Viajé por primera vez a Nepal en 2010 para hacer el trekking del Annapurna y en 2019 he regresado de nuevo, esta vez rumbo al Manaslu. Y aunque éste es el relato del trekking del Manaslu de mi segundo viaje, me permito empezar a escribir por donde acabé mi primer viaje a Nepal, en el Parque Nacional de Chitwan de las tierras bajas del Terai.
En un país cuyo nombre resuena a grandes montañas y templos budistas, las llanuras selváticas de Chitwan evocan a las historias de “El Libro de la Selva”. Por algo Chitwan significa “el corazón de la selva”. Es el territorio del tigre de Bengala, del elefante y del rinoceronte indio. Y también es el territorio del pueblo Tharu, los pobladores más antiguos del Terai.
En la escasa semana que pasé en Chitwan en 2010 recorrí el parque en 4×4, a lomos de un pobre elefante, a pie y en canoa. Pero, ¿tuve el tiempo y la sensibilidad necesarios para empezar absorber la sabiduría de la selva, para escuchar el latido de la gente de Chitwan, “el corazón de la selva”?






