El valle de Katmandú
Al pisar Katmandú por primera vez, todas las expectativas que nos hayamos generado de entrar en el paraíso de la espiritualidad se diluyen en un caos de coches, motos, bocinas y contaminación. Si además el autobús nos baja en pleno centro del barrio mochilero de Thamel, el caos se completa con torrentes de otros turistas, restaurantes, vendedores ambulantes y tiendas de material de montaña y recuerdos baratos.
Pero, si prestamos atención, descubriremos que la religión impregna cada rincón de la ciudad y, por extensión, de todo el país. El hinduismo y el budismo tibetano conviven en armonía, con una multitud de pequeños templos, estupas, pagodas y santuarios que salpican el valle de Katmandú y Nepal entero.

El hinduismo representa la religión mayoritaria de Nepal, ya que la profesa más del 80% de la población. Pashupatinath es el principal templo hindú del país. Las cremaciones en sus ghats o escalinatas, situados a orillas del río sagrado Bagmati y a plena vista de los turistas, resultan impactantes. A pesar de la aparente indiferencia de las familias de los muertos, me siento un intruso en su privacidad al fotografiar desde la distancia el momento íntimo de la despedida a los fallecidos.

El budismo tibetano es practicado en Nepal fundamentalmente por los pueblos del Himalaya y por los refugiados tibetanos. Los dos principales centros de peregrinación budista en Katmandú son el “templo de los monos” o Swayambunath y la estupa de Boudhanath.


El budismo es una doctrina religiosa y filosófica que sigue las enseñanzas de Siddharta Gautama o Buda. Para el budismo, el camino de la iluminación o nirvana se alcanza mediante sucesivas reencarnaciones marcadas por el Karma y a través de las reglas de “los Ocho Caminos”. De estas ocho enseñanzas me quedo con un concepto clave: la meditación.
Reconozco que apenas sé nada de meditación. Pero viajar a culturas que sitúan su práctica en un espacio tal relevante del desarrollo personal despierta mi interés. Tengo una amiga que practica meditación en Iparhaizea, una comunidad Zen de Bilbao. Ojeando rápidamente la web de Iparhaizea descubro reflexiones que me resultan iluminadoras.
“El Hara del árbol es su primer punto de inflexión, ese punto en el que las raíces se unen para formar el tronco. (…) Las ramas crecen, florecen y dan fruto en la medida en que la profundidad de las raíces las sostienen y alimentan. La semilla, invariablemente, comienza por echar raíz, comienza por el descenso hacia la tierra. Sin embargo, nuestra energía tiende a subir, y a diferencia del árbol, el ser humano se halla desequilibrado hacia arriba, se vive constantemente desde las emociones de su pecho y el pensamiento en su cabeza. (…) Pero cuando a través de la atención la persona retoma la conciencia de sus raíces, la potencia de la tierra le permite erguirse flexible, y abrirse creciendo en la medida que esas raíces se hacen cada vez más profundas. (…)”
“Hay dos posibles maneras, por dar un ejemplo, de estar ante una puesta de sol -ante ella o ante la vida- una es verla, ver la evidencia en sí misma, abrirse al don de lo que está sencillamente dado; la otra, la habitual, es reflejarse en lo que se mira. Una va, se libera; la otra vuelve, se repite, se repliega. En la primera el sol aparece, en la segunda me aparece. Aquella primera contempla, se despliega en la alteridad, la segunda mira, mira pero no ve: se ve.”

Otra amiga me dice que pienso demasiado las cosas. Tal vez tenga razón y en ocasiones sea mejor solo contemplar sin analizar.
La religiosidad y la espiritualidad en Nepal no se muestra solo en los numerosos templos y estupas. En cualquier recodo del camino encontramos ruedas o molinos de plegarias; banderas de oración azules, verdes, rojas, amarillas y blancas en representación de los cinco elementos; o muros de oración que reproducen el mantra budista Om Mani Padme Hum.

Los árboles, sobre todo aquellos que alcanzan portes majestuosos o llegan a vivir cientos o miles de años, han sido objeto de adoración animista por muchas culturas. Así como el cristianismo y el islamismo se han alejado de estas creencias ancestrales, el hinduismo y el budismo mantienen la base de su espiritualidad en antiquísimas tradiciones, como es la veneración a los árboles. En Nepal también hay árboles sagrados.
El Pipal (Ficus religiosa) es un árbol sagrado tanto para hinduistas como para budistas. Buda estaba meditando bajo un Pipal cuando alcanzó la “Iluminación”, originando el budismo. El ejemplar original y todos sus supuestos descendientes se denominan “árbol bodhi”. El Pipal tiene unas elegantes hojas acorazonadas con una singular punta muy alargada. A esta peculiaridad se le conoce como “punta de goteo” y resulta una adaptación de muchas especies tropicales para escurrir el agua y evitar la aparición de algas que dificulten la fotosíntesis.
Nepal está vertebrado por una red de caminos que conectan poblaciones y viejas rutas de comerciantes. En las zonas montañosas las pendientes son muy empinadas, con lo que estos caminos están constituidos por antiquísimos escalones de piedra. Cada cierto tramo se localizan lugares de descanso o reunión: las chautaras. Y en las chautaras, rodeados de un muro o en plataformas elevadas, es habitual encontrar dos árboles, siempre en pareja: un Pipal y un Baniano (Ficus benghalensis). Se dice que el Baniano es masculino y el Pipal femenino y que la plataforma alrededor de ambos representa el matrimonio sagrado entre los dos árboles. En todo caso, estos muretes constituyen un estupendo sitio para sentarse a la sombra de los enormes árboles; los caminantes a tomar un merecido descanso y los lugareños a reunirse y conversar.
Los bosques sagrados constituyen en todo el mundo una de las formas más antiguas de conservación forestal por parte de las comunidades locales. En Nepal también hay bosques religiosos.
Los terrenos forestales ocupan en Nepal unos 6 millones de hectáreas y prácticamente en su totalidad pertenecen al Estado. Aunque la mayor parte está incluida en áreas protegidas o es administrada directamente por el Estado, alrededor del 25 % de los terrenos forestales se gestiona como bosques comunitarios por más de 20.000 grupos de usuarios y comunidades locales, en un modelo considerado exitoso de gestión forestal. Y una pequeña parte de los bosques de Nepal se catalogan como bosques religiosos, reconocidos legalmente desde principios de la década de los 80 y que han sido entregados por el Estado a instituciones o grupos religiosos para preservar sus valores sagrados y culturales.

En el Valle de Katmandú, y unos pocos kilómetros al sur de Patán, se encuentra el bosque sagrado de Bajra Barahi, uno de los bosques religiosos más antiguos de Nepal. Es un pequeño bosque de poco más de 18 hectáreas dominado por Katush tree (Castanopsis indica). Katush es un árbol muy parecido a nuestro castaño, pero con las castañas más pequeñas. Forma bosquetes por debajo de los 1.500 metros de altitud, por lo que lo podremos observar en las etapas bajas de nuestro trekking al Manaslu. El bosque sagrado protege el templo de Bajra Barahi, la diosa guardiana del valle. Cuenta la leyenda que un rey de Patán soñó que la diosa Bajra Barahi le pedía que construyera un templo en el bosque cercano, con la condición de levantarlo en un solo día. A una orden del rey, se empezó a levantar rápidamente el templo al estilo de las pagodas. Pero antes de colocar el pináculo los operarios se retiraron sin concluirlo, pensando que llegaba el amanecer. Desde entonces, la gente cree que si alguien trata de colocar el pináculo sobre el templo la desgracia caerá. Esta creencia se extiende a todo el bosque, ya que los lugareños piensan que si una hoja se saca accidentalmente del bosque, regresa misteriosamente y afirman que “Ni siquiera arrancaremos una hoja de este bosque. Si lo hacemos, entonces trae desgracia y problemas en la familia”.

Pero esta vez no voy a tener tiempo de visitar el bosque sagrado de Bajra Barahi. Ha llegado el momento de partir hacia el Manaslu, hacia los fascinantes misterios del Himalaya, hacia el cielo.
♫♫ There´s a feeling I get when I look to the west
And my spirit is crying for leaving ♫♫

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