A la sombra de las raíces de África (V). Los bosques de la Casamance.
Solo tengo que avanzar unos cuantos kilómetros por la carretera a Cap Skirring para llegar al reino de Oussouye. A diferencia del antiguo reino de Bandial, el reino de Oussouye ha perdurado hasta la actualidad. Merece la pena detener la ruta unos días en Oussouye, no solo para conocer al rey, sino también para pedalear sin rumbo fijo por sus pistas de tierra a la búsqueda de alguno de los numerosos bosques a los que su carácter sagrado ha contribuido a conservar.
En Oussouye parece que la gente respeta el bosque. Es un placer recorrer en bici estos caminos a la sombra de las raíces de África, las de las grandes Ceibas y las de su gente.
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A la sombra de las raíces de África (IV). Las raíces de las Ceibas.
Llevo todo el viaje oyendo hablar de la Casamance: tienes que ir a la Casamance, la Casamance es otra cosa, te va a encantar la Casamance. Ya estoy en la Casamance. La Casamance es el país de los Diola, de los reyes animistas, de los campos de arroz, de los bolongs, de los manglares, de las Ceibas.
En la Casamance, los grandes Baobabs que me acompañaban en mi viaje han comenzado a ausentarse y en su lugar empiezo a observar enormes Ceibas (Ceiba pentandra) que llegan a competir en tamaño con los primeros. Si los Baobabs parecen mostrar sus raíces al aire plantados del revés, las Ceibas parecen presumir de sus potentes raíces tubulares o jambas exhibiéndolas con orgullo hasta varios metros por encima del nivel del suelo. Las raíces de las Ceibas también merecen ser “las raíces de África”.
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A la sombra de las raíces de África (III). El delta del Saloum.
Pedaleo pausado por carreteras estrechas sin apenas tráfico, observando el también pausado quehacer de la población local. Muchos trabajan al sol en los campos de mijo o de cacahuete, otros están sentados a la sombra esperando sin prisas no se sabe qué o a quién. Yo también aprovecho la sombra de alguno de los numerosos Neems o Mangos plantados al borde de cualquier camino para reponer fuerzas y descansar. La gente no me presta mucha atención. Se limita a sonreír y saludarme con amabilidad y continúa con sus tareas.
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