La transformación de Aotearoa.
Wellington es la capital de Nueva Zelanda. Ubicada al sur de la Isla Norte, es una ciudad agradable, pequeña, pegada a una enorme bahía que le da luminosidad. En un extremo de la bahía se sitúa el museo Te Papa, en el que quiero ver “La transformación de Aotearoa”, una exposición sobre la degradación de los bosques de Nueva Zelanda desde que llegaron los primeros humanos.
Allí donde un día dominaron impenetrables bosques de Kauris, Rimus, Totaras o Kahikateas, el paisaje de las grandes llanuras de Nueva Zelanda está dominado hoy por grandes extensiones de pastizales repletos de ovejas, en mosaico con infinitas plantaciones de Pino radiata. Se trata de uno de los procesos de destrucción del bosque más rápido de la historia de la humanidad.
Pero “la transformación de Aotearoa” no es solo una historia de la destrucción de sus bosques, también es la historia de cómo las personas han llegado a amar y cuidar esta tierra.
Bosques martianos (4 de 6)
Rumbo a la Ciénaga de Zapata.
Recorrer Cuba en bici me está permitiendo explorar las áreas rurales de la isla, pero también descansar y disfrutar de la arquitectura y los encantos de las áreas urbanas, en ciudades tan monumentales como Sancti Spiritus, Trinidad o Cienfuegos.
Precisamente en el escudo de Cienfuegos aparece reflejada una jagua en producción (Genipa americana), símbolo de salud, esperanza y abundancia. En Cienfuegos amanezco contento, pero no por dormir bajo una jagua, sino porque estoy a punto de salir hacia otro de los lugares emblemáticos de mi viaje: ¡la Ciénaga de Zapata! Allí me encontraré con Carlos, Carlitos, otro forestal cubano y viejo amigo, al que ya vine a visitar hace varios años a su casa en Jagüey Grande.
Me interno en la Ciénaga de Zapata con mi amigo Carlos y otros dos compañeros forestales. Visitamos la zona de Las Salinas, para observar los flamencos y otras aves acuáticas. Como buenos forestales, me acaban mostrando un área de tratamientos selvícolas en una masa de soplillo (Lysiloma latisiliquum), un árbol con madera y leña de buena calidad, además de melífera y con buen ramón para el ganado.
Bosques martianos (3 de 6)
Por el oriente cubano.
La costa sur de Guantánamo es la zona más seca del país. Por ello, la vegetación que me encuentro cambia radicalmente y en poco tiempo paso de pedalear junto al bosque húmedo tropical de la Sierra Maestra a hacerlo por un terreno dominado por cactus.
Para llegar a Baracoa tengo que escalar La Farola, el puerto de montaña más alto de Cuba. La ascensión es exigente, pero las vistas espectaculares. Aprovecho un par de miradores para reponer fuerzas, sacar fotos y comprar fruta. Finalmente, un letrero de “Alto de Cotilla” me indica que he llegado a la cima. Hacia el otro lado, hacia el norte, el paisaje cambia y empiezan a aparecer grandes extensiones de pinares.
Desciendo hacia Baracoa entre el aroma de los pinares y de repente me encuentro con una cuadrilla de trabajadores forestales cargando un camión con troncos de pino. Me explican que están realizando un raleo en el pinar.
Como queriendo refrendar la importancia del manejo forestal en Cuba, poco más adelante me encuentro con un cartel al borde de la carretera en el que Raúl Castro, puño en alto, arenga a los forestales a “virarse para la tierra y hacerla producir”.
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