Progreso:

Bosques martianos (4 de 6)

Rumbo a la Ciénaga de Zapata

Sancti Spiritus-Trinidad-Cienfuegos-Playa Girón-Playa Larga-Jagüey Grande

Manaca Iznaga

Entre Sancti Spiritus y Trinidad se atraviesa otro de los paisajes emblemáticos de Cuba. Se trata del Valle de los Ingenios, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Esta antigua gran zona azucarera tuvo su esplendor entre los siglos XVIII y XIX. En el valle proliferaron los ingenios, en los que se extraía el jugo a la caña por fuerza hidráulica. Aún perviven los restos de las antiguas haciendas, algunas de las cuales llegaron a contar con más de 350 esclavos. Visito la Manaca Iznaga y su emblemática torre, posiblemente simple signo de ostentación. Desde la torre tengo una estupenda vista del valle mientras observo detenerse un tren de vapor que todavía recorre el trayecto ferroviario hasta Trinidad.

La caña de azúcar (Saccharum officinarum) fue uno de los cultivos que más contribuyó a la intensa deforestación de las zonas llanas de Cuba. Lo explica Antonio Núñez Jiménez:
El mayor impacto destructivo de los bosques cubanos se originó a partir del desarrollo azucarero. El cañaveral necesitaba espacios libres de otra vegetación. Así, fue necesario deforestar las llanuras, el paisaje ideal de las nuevas plantaciones, todo esto agravado porque la energía para mover los trapiches debía brindarla la leña. Los antiguos azucareros pensaban que los bosques eran tan abundantes que “su total liquidación era imposible”.
Valle de los Ingenios

Continúo pedaleando hacia Trinidad paralelo a las vías del tren y al subir el último repecho alcanzo a una carreta en la que el conductor lleva un buzo de la AECID con el lema “Proyecto Marabú”. Me explica que él es un agricultor del valle y que con el proyecto les dan herramientas para intentar controlar al marabú, un arbusto invasor que coloniza las zonas agrícolas abandonadas.

Proyecto Marabú
Marabú

Unas de las principales amenazas medioambientales en Cuba son las especies invasoras, que al igual que en otras áreas insulares, tienen un especial efecto pernicioso en la isla. Entre las plantas invasoras en Cuba destacan el marabú, la pomarrosa, la leucaena, el cayeput o melaleuca, el espino o aroma (Acacia caven) y la casuarina. El marabú (Dichrostachys cinérea) llegó a la isla en el siglo XIX y se expandió rápidamente llegando a cubrir ya en 1930 unas 400.000 hectáreas. Recientemente se ha abierto una  esperanza para su control al empezar a producirse carbón de marabú, que ha resultado ser uno de los más demandados para la exportación.

Los incendios forestales constituyen otra importante amenaza para los bosques cubanos. De acuerdo a un informe de FAO: “En Cuba el principal enemigo de los bosques son los incendios forestales que constituyen un problema de primer orden (…) La tendencia en las últimas dos décadas ha sido creciente lo que ha obligado a tomar medidas adicionales de protección no solo por el Cuerpo de Guardaparques, sino también por todos los tenentes de recursos forestales. Además, se ha desarrollado una fuerte campaña de divulgación”.

Sólo pensar en incendios me da sed, o igual es el calor sofocante del mediodía que me hace chorrear sobre la bici. Por eso aprovecho cualquier puesto junto a la carretera para aprovisionarme de ricas frutas tropicales, como piñas, guayabas o guanábanas.

La guayaba (Psidium guayaba) es una fruta muy común, ampliamente cultivada.
 
La guanábana (Annona muricata) es una fruta muy popular en Cuba, de la que se refieren numerosas propiedades medicinales.
 
El fruto del bagá (Annona glabra), propio de zonas pantanosas, es de peor calidad que el de otras annonaceas.
 
Con el fruto del mije (Eugenia floribunda) se elaboran jaleas y vino de mije.
Puesto de frutas

Recorrer Cuba en bici me está permitiendo explorar las áreas rurales de la isla, pero también descansar y disfrutar de la arquitectura y los encantos de las áreas urbanas, en ciudades tan monumentales como Sancti Spiritus, Trinidad o Cienfuegos.

Trinidad
Cienfuegos

Precisamente en el escudo de Cienfuegos aparece reflejada una jagua en producción (Genipa americana), símbolo de salud, esperanza y abundancia. En Cienfuegos amanezco contento, pero no por dormir bajo una jagua, sino porque estoy a punto de salir hacia otro de los lugares emblemáticos de mi viaje: ¡la Ciénaga de Zapata! Allí me encontraré con Carlos, Carlitos, otro forestal cubano y viejo amigo, al que ya vine a visitar hace varios años a su casa en Jagüey Grande.

Carlitos me cuenta que la Ciénaga de Zapata constituye el humedal más grande y mejor conservado del Caribe insular, con la mayor área de pantanos y marismas de Cuba y considerables extensiones de bosques y manglares.

Es destacable el sistema espeleo-lacustre, que se extiende paralelo a la costa, hacia el sector este de la ciénaga, con espectaculares cenotes y cavernas inundadas, como la Cueva de los Peces, en la que me relajo de camino entre Playa Girón y Playa Larga.

Con mi amigo Carlos
Panel de la Ciénaga de Zapata

La Ciénaga de Zapata alberga poblaciones silvestres de cocodrilo cubano y cocodrilo americano y una alta concentración y diversidad de aves acuáticas entre las que destacan por su vistosidad los flamencos. Abundan especies endémicas como el manjuarí, un pez considerado fósil viviente, y la ferminia, un ave exclusiva de  la Ciénaga.

La Ciénaga de Zapata es uno de los municipios de Cuba de mayor extensión y el menos poblado. La población local se ocupa en actividades económicas tradicionales, como la apicultura, la ganadería, la elaboración de carbón y la silvicultura, así como en un cada vez más pujante sector turístico. El papel de las comunidades locales en las Áreas Protegidas está reconocido en Cuba:

“Dada la importancia que se le concede al individuo y a la comunidad en nuestra sociedad, la presencia de las comunidades es un elemento que siempre hay que tener en cuenta en el desarrollo de las áreas protegidas, involucrando a la población local como un principal componente activo en la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales”.

La costa de Cuba
Cocodrilo en Cuba

En las cercanías de Playa Girón contemplo cómo se elabora el carbón vegetal, que se ha convertido, después del tabaco, en el rubro que más ganancias reporta al Ministerio de Agricultura. Los carboneros locales utilizan grandes hornos de tierra, que se levantan con pilas de madera cubiertas de hierbas, tierra y troncos secos con aberturas para prenderle fuego. Parece que el proceso demora una semana para cortar las dos carretas de leña necesarias y otra semana para armar, tapar y cocinar el horno, que hay que vigilar día y noche. Utilizan especies como júcaro, yana, soplillo, cítricos, marabú, casuarina y eucalipto. Dicen que hoy quedan pocos carboneros, al contrario de tiempos atrás, en los que eran mayoría entre los habitantes de la Ciénaga. Los jóvenes prefieren dedicarse al turismo y otras ocupaciones menos exigentes.

Carbonera

Antonio Núñez Jiménez habla del impacto tradicional del carboneo en estas zonas costeras: “Otro paisaje que ha sido severamente dañado es el de las ciénagas y regiones costeras, donde los árboles de yana, mangle, júcaro y otros han sido sistemáticamente talados para convertirlos en carbón. Para hacer las tumbas y sacar el carbón fue necesario abrir canales en las ciénagas. Por estas grandes zanjas penetraron las aguas del mar durante las mareas altas y la salinidad dañó miles de kilómetros cuadrados”. Por fortuna, actualmente el manejo forestal  se realiza de forma más sostenible y desde 2012 está vedada la explotación de los manglares.

Me interno en la Ciénaga de Zapata con mi amigo Carlos y otros dos compañeros forestales. Visitamos la zona de Las Salinas, para observar los flamencos y otras aves acuáticas. Como buenos forestales, me acaban mostrando un área de tratamientos selvícolas en una masa de soplillo (Lysiloma latisiliquum), un árbol con madera y leña de buena calidad, además de melífera y con buen ramón para el ganado.

Ciénaga de Zapata
Raleo en una masa de soplillo

Carlos trabaja como ingeniero forestal en el Servicio Estatal Forestal en la Ciénaga de Zapata, responsable de la gestión forestal del área. La administración del Área Protegida recae en la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna, también del Ministerio de Agricultura y en la delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. El Ministerio de Interior, a través del cuerpo de Guardabosques es responsable de la vigilancia y protección de los recursos naturales. Vamos, si no he entendido mal….

Los Guardabosques, además de acciones de control y represivas, desarrollan acciones de educación ambiental, con charlas en escuelas, comunidades locales y campamentos de pioneros exploradores y a través de los medios de comunicación. Al constituir la Ciénaga de Zapata una de las áreas protegidas con más asentamientos poblacionales de Cuba, el trabajo de educación ambiental con las comunidades locales alcanza una gran importancia. La publicación sobre las Áreas Protegidas de Cuba lo corrobora: “Involucrar y comprometer a las comunidades locales en el proceso de manejo participativo de las áreas protegidas tiene especial connotación, ya que constituye un paso importante para la elaboración de los planes de manejo y los planes operativos de dichas áreas. Este proceso posibilita conocer la problemática de las comunidades que afecta directamente a cada espacio protegido y las posibles soluciones que se requieren implementar para lograr los objetivos por los cuales éstos han sido declarados. Para los profesionales que trabajan la educación ambiental y la conservación de la naturaleza, el mayor desafío es mostrar que el uso sostenible de los recursos naturales y la protección de la  naturaleza ayudan a mejorar la vida cotidiana de los ciudadanos. Por tal motivo la educación ambiental ha de formar parte de las políticas de desarrollo que permitan superar los problemas locales actuales”. Carlitos y sus compañeros forestales, a través de los círculos de interés forestal contribuyen a esta labor.

Guarda forestal cubana
Centro de Pioneros Exploradores

En Playa Larga, prácticamente he terminado mi itinerario ciclista por Cuba. Después de más de 1.200 km pedaleando, cargo la bici en el carro de mis acompañantes y me voy con Carlos a pasar la noche en Jagüey Grande, desde donde a la mañana tomaré el autobús a La Habana.

En mi anterior viaje a Cuba estuve unos 10 días en casa de Carlitos en Jagüey Grande, saboreando el pausado ritmo cubano, con sus largas veladas en su recibidor con “Lágrimas negras” de música de fondo; con sus largas partidas de dominó con sus vecinos criadores de gallos de pelea; con sus largos momentos dejando pasar el tiempo sin importarles. Recuerdo que una noche la pasé vomitando. A la mañana visitamos a una vecina curandera, que tras una especie de imposición de manos con una toalla enrollada me confirmó que yo no tenía empacho y que ella solo curaba empachos. Así que volví a casa con mi diarrea, mi fiebre y mis vómitos, ¡como para empacho estaba yo! Por suerte, a las pocas horas pasó por casa un médico que iba a visitar a una vecina enferma, me diagnosticó una intoxicación alimentaria y me recetó un antibiótico. Al día siguiente ya estaba perdiendo partidas al dominó con los galleros. Por supuesto, me llevé una grata impresión de la Sanidad cubana.

La corteza del dagame (Calycophyllum candidissimum) es febrífuga y se utiliza para combatir las diarreas. Es el árbol nacional de Nicaragua, donde se le conoce como madroño. Por sus grandes flores blancas se le conoce también como árbol nevado.
 
El aceite extraído de las semillas de la higuereta (Ricinus communis) es purgante. La higuereta es una planta de 1 a 5 metros originaria de Asia que se ha naturalizado en Cuba a partir de su cultivo.

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