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Un canal en el bosque (5 de 7)

La selva de los Embera

Resulta sorprendente que a menos de una hora en autobús de una gran urbe como Ciudad de Panamá me encuentre en mitad de la selva. Ha sido un acierto venir a pasar unos días a Gamboa. Fundada durante la construcción del Canal de Panamá, Gamboa se asienta en el punto en el que el río Chagres se empieza a convertir en el lago Gatún. Desde Gamboa puedo contemplar los grandes mercantes que atraviesan pausadamente el Canal. Pero en Gamboa también estoy a las puertas del Parque Nacional Soberanía, al que se accede cómodamente por el Pipeline Road, uno de los senderos de observación de avifauna más reconocidos del país; o a un corto recorrido en bote de la isla de Barro Colorado, uno de los principales centros de investigación de los bosques tropicales. Gracias a su ubicación privilegiada, en Gamboa se han establecido grandes centros ecoturísticos como el Gamboa Rainforest Resort y pequeños alojamientos familiares como en el que estoy alojado.

Pero Gamboa todavía me depara una sorpresa más. Conocía que varias comunidades indígenas Embera-Wounaan se habían asentado en las últimas décadas en las selvas de la cuenca del Canal, fundamentalmente en el Parque Nacional Chagres, bastante aguas arriba de Gamboa. Conocía también que diversas agencias de viajes de Ciudad de Panamá organizaban excursiones de uno o varios días para visitar alguna de estas comunidades Embera. Como tengo pocos días para visitar la zona, había decidido prescindir de esa visita. En parte por la falta de tiempo y en parte por miedo a verme en medio de un teatro turístico.

Muelle de Embera Ella Puru
Embera Ella Puru

Al llegar a Gamboa me entero de que una comunidad Embera se ha ubicado en la otra orilla del río Chagres y reciben turistas. La dueña de mi apartamento llama por teléfono a los propios Embera y en poco más de una hora estoy subido en una pequeña lancha a motor que en un par de minutos me conduce a la comunidad indígena de Embera Ella Puru.

Los Embera son uno de los siete pueblos indígenas de Panamá. Su territorio original se extiende entre la provincia panameña del Darién y tierras colombianas al otro lado de la frontera. Desde la década de los 70, varios grupos de indígenas Embera empezaron a trasladarse a la cuenca alta del río Chagres. Huían de la elevada conflictividad en lo que se conoce como el “tapón del Darién” y buscaban nuevas oportunidades en las cercanías de la gran ciudad. Poco tiempo después, el Gobierno panameño declaró el Parque Nacional Chagres, con lo que restringió los principales medios de vida de los Embera: la caza y la agricultura. Por el contrario, se les abrió un nuevo recurso económico: el turismo.

Niña de Embera Ella Puru

Durante el corto trayecto hasta la comunidad converso brevemente con el joven Embera que maneja la lancha a motor. Afirma sonriente que están encantados en recibir turistas y en que puedo hacer todas las fotos que quiera. Empiezo a darme cuenta de que los Embera han adaptado sus medios de vida y ahora viven del turismo.

Embera Ella Puru significa “en lo alto de la loma”. Desembarcamos en un pequeño muelle, en el que un arco con el nombre de la comunidad nos da la bienvenida y tras subir una pequeña cuesta van apareciendo las primeras casas de los Embera, en lo alto de la loma.

Casa en Embera Ella Puru
Casa en Embera Ella Puru

Las viviendas de los Embera están construidas al modo tradicional, con las paredes de madera, el techo de paja y sobre unos pivotes, también de madera, para protegerse de los animales. A pesar de que intentar mantener su arquitectura típica, algunas casas incorporan unos antiestéticos, por lo menos para los turistas, tejados de uralita.

En la parte central de la comunidad está la casa comunal. Es un gran edificio circular con techo de paja y sin paredes en el que los Embera reciben a los visitantes y exhiben sus artesanías.

Casa comunal en Embera Ella Puru

Una joven Embera nos da la bienvenida. Lleva una colorida falda corta y un top adornado con monedas. Los hombres también visten una especie de faldilla decorada con motivos geométricos a la que llaman guayuco. Una niña que nos observa desde la distancia se adorna el pelo con flores coloradas. La joven nos conduce hasta la casa comunal, en la que los Embera tienen montado una especie de mercadillo de artesanías. Todo transcurre despacio, sin prisas, en una rutina en la que cada uno sabe su papel con los turistas. Nos sentamos y nuestra anfitriona empieza a contarnos algunos aspectos de su cultura.

Nos explica que las artesanías que estamos viendo las elaboran y venden por familias. Las mujeres tejen fibras de palma que tiñen con tintes naturales. El color rojo lo obtienen del achote; el verde de una planta; el marrón de raíces; y el negro enterrando el marrón. Los Embera son grandes conocedores de las plantas medicinales que les ofrece la selva y otras muchas les aportan recursos variados. Por ejemplo, utilizan el fruto de la Jagua (Genipa americana) para hacerse tatuajes corporales de figuras geométricas, que acostumbran a  pintar a los turistas que les visitan.

Jóvenes Embera explicando sus costumbres
Jóvenes Embera explicando sus costumbres

Los hombres Embera elaboran tallas de madera y de tagua. En sus artesanías utilizan un árbol llamado Cocobolo (Dalbergia retusa), que tiene una madera dura y de tres colores: negro, rojizo y marrón. El Cocobolo es un árbol protegido y no lo pueden cortar, por lo que solo lo aprovechan cuando se cae alguno o alguna rama. La Tagua (Phytelephas sp.) es una palma con un fruto muy duro al que se ha llegado a denominar “marfil vegetal”. Es más fácil de tallar que la madera, por lo que los jóvenes se iniciar con la tagua para pasar después a tallar en madera. La madera de Cocobolo no precisa barniz; con la tagua, en cambio, usan tintes artificiales. Echo un vistazo por los puestos de artesanía y acabo comprando una talla en tagua de un perezoso con su cría del puesto de la familia de nuestra guía local. ¡Un bonito recuerdo de mi jornada con los Embera!

Artesanías Embera

Llega la hora del almuerzo. Sin salir de la casa comunal, nos ofrecen a los turistas unos platos de pescado y plátano frito envueltos en una hoja de banano. Parece la síntesis de los medios de vida de los Embera en la actualidad. De vivir de la variedad de recursos que les ofrecían las selvas del Darién han pasado a depender únicamente de la pesca, de una agricultura a pequeña escala y, fundamentalmente, del turismo. Lo que no han olvidado es el conocimiento tradicional transmitido por generaciones. Así, nos explican que abonan sus chacras con excrementos de hormiga, con lo que también consiguen ahuyentarlas. En un breve paseo por la comunidad nos paramos a charlar con un joven Embera. Se llama Luis y llegó hace unos cinco años desde una comunidad del Darién, a seis horas en canoa de la población más cercana. Sus familiares lo mandaron a Embera Ella Puru para buscarle un futuro mejor. Cuando llegó no hablaba español y no había visto nunca un turista. Ahora se encuentra todos los días con turistas…

Baile Embera

Antes de la despedida, las mujeres de la comunidad nos obsequian con un baile típico. Bailan en corro, como han hecho siempre en sus fiestas y ceremonias. Pero se nota que bailan para nosotros. El baile es un servicio turístico más que los Embera ofrecen a los visitantes

La visita turística se acaba y tenemos que regresar a Gamboa. Me voy con unas sensaciones contradictorias. Por un lado, los Embera me parecen una gente tranquila y sencilla que lucha por conservar vivas sus costumbres y por continuar viviendo en conexión con su selva. Además, intentan transmitir estos valores a sus visitantes. Por otro lado, han tenido que renunciar a parte de su modo de vida tradicional para convertirse en un reclamo turístico.

Talla en tagua de perezoso
Perezoso

La visita turística se acaba y tenemos que regresar a Gamboa. Me voy con unas sensaciones contradictorias. Por un lado, los Embera me parecen una gente tranquila y sencilla que lucha por conservar vivas sus costumbres y por continuar viviendo en conexión con su selva. Además, intentan transmitir estos valores a sus visitantes. Por otro lado, han tenido que renunciar a parte de su modo de vida tradicional para convertirse en un reclamo turístico.

De camino al muelle, un joven Embera me pide que mire a lo alto de un árbol. Entre las ramas hay un perezoso, como el de la talla de tagua que me llevo de recuerdo. Los Embera han migrado de la selva del Darién a la de la cuenca del Canal. Pero este nuevo hogar sigue siendo su selva, su bosque exuberante.

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