Un relato forestal viajero por Panamá en 2023
La silueta de los rascacielos se dibuja contra el horizonte. Me sorprende contemplar esta imagen en una ciudad centroamericana. Acabo de llegar a Ciudad de Panamá, que con mucha diferencia es la urbe de América Latina con mayor número de rascacielos.

e alojo en el Hotel Casa Magnolia, que ocupa un coqueto edificio colonial en el Casco Antiguo de la ciudad. Lo que ahora se denomina Panamá la Vieja se fundó en 1519, constituyendo el primer asentamiento español en la costa del Pacífico americano. Durante la época colonial, la ciudad experimentó un importante apogeo, al ser la base de una importante ruta interoceánica para los cargamentos de oro y plata de los españoles. Los buenos tiempos duraron hasta 1671, cuando el pirata Henry Morgan saqueó la ciudad, que acabó casi completamente destruida. Apenas dos años después, en 1673 se levantó una nueva población a escasos ocho kilómetros de la ubicación inicial, en lo que ahora es el Casco Antiguo de Ciudad de Panamá.


Tomando como base el Hotel Casa Magnolia, quiero descubrir los rincones del Casco Antiguo, que todavía muestra su pasado esplendor. Me acerco hasta la Catedral Metropolitana, de estilo barroco; hasta la Plaza Bolivar, con su monumento a Simón Bolivar; o hasta el Paseo de las Bóvedas, que discurre por la parte superior de las antiguas murallas. Allí descubro los puestos de artesanía de los indígenas Kuna y Embera, a los que voy a conocer mejor en este viaje por Panamá.


La historia de Ciudad de Panamá siempre ha estado ligada a su relevancia como punto de paso, hasta el punto de que durante la “Fiebre del Oro” de California la oleada migratoria del este al oeste norteamericano se decantó en buena parte por la ruta transístmica. A pesar de ello, cuando en 1904 se empezó a construir el Canal de Panamá, la ciudad seguía circunscrita al Casco Antiguo. El desarrollo de la actual área metropolitana de Ciudad de Panamá solo se puede entender a través, precisamente, de la creación del Canal de Panamá.
Subo caminando al Cerro Ancón, una colina que domina la ciudad y que formó parte de la llamada “Zona del Canal”. La “Zona del Canal” era un enclave estadounidense en mitad de Panamá que ocupaba el propio Canal y las tierras colindantes y del que los gringos no se retiraron completamente hasta 1999. Con una gran bandera de Panamá en su cima, el Cerro Ancón es ahora un emblema de la independencia del país. En lo alto, descubro una estatua de Amelia Denis de Icaza, que con su poema “Al cerro Ancón” es otro emblema patrio:
“Ya no guardas las huellas de mis pasos, ya no eres mío, idolatrado Ancón, que ya el destino desató los lazos que en tus faldas formó mi corazón”

Desde lo alto del Cerro Ancón puedo comprobar la estructura urbanística de Ciudad de Panamá. En realidad, percibo dos ciudades muy distintas. A un lado el Casco Antiguo, que flanqueado por la Cinta Costera parece mirar hacia el pasado. Al fondo la zona financiera, que con sus modernos rascacielos mira sin rubor hacia el futuro.


El centro financiero de Ciudad de Panamá se ha desarrollado gracias al Canal de Panamá. Literalmente, ya que la ciudad se ha expandido sobre las tierras sobrantes de la excavación del Canal, ganando terreno al mar. Además, la prosperidad económica del país no se podría entender sin el Canal. La economía de Panamá se sustenta en los sectores financiero y logístico, pero con una importancia creciente de la minería y del sector turístico.
He venido a Panamá a pasar unos diez días de turismo. Mientras paseo por el Casco Antiguo admiro los tonos dorados de los Guayacanes (Tabebuia guayacan) en flor. Tomando como base Ciudad de Panamá, quiero descubrir el Canal de Panamá y su historia. Quiero descubrir los bosques que lo alimentan de agua. Y quiero descubrir a los pueblos que viven en esos bosques y en esas aguas.



0 comentarios