A la sombra de las raíces de África (V). Los bosques de la Casamance.
Solo tengo que avanzar unos cuantos kilómetros por la carretera a Cap Skirring para llegar al reino de Oussouye. A diferencia del antiguo reino de Bandial, el reino de Oussouye ha perdurado hasta la actualidad. Merece la pena detener la ruta unos días en Oussouye, no solo para conocer al rey, sino también para pedalear sin rumbo fijo por sus pistas de tierra a la búsqueda de alguno de los numerosos bosques a los que su carácter sagrado ha contribuido a conservar.
En Oussouye parece que la gente respeta el bosque. Es un placer recorrer en bici estos caminos a la sombra de las raíces de África, las de las grandes Ceibas y las de su gente.
Escalera al cielo (3 de 7)
El valle de Katmandú.
Al pisar Katmandú por primera vez, todas las expectativas que nos hayamos generado de entrar en el paraíso de la espiritualidad se diluyen en un caos de coches, motos, bocinas y contaminación. Si además el autobús nos baja en pleno centro del barrio mochilero de Thamel, el caos se completa con torrentes de otros turistas, restaurantes, vendedores ambulantes y tiendas de material de montaña y recuerdos baratos.
Pero, si prestamos atención, descubriremos que la religión impregna cada rincón de la ciudad y, por extensión, de todo el país. El hinduismo y el budismo tibetano conviven en armonía, con una multitud de pequeños templos, estupas, pagodas y santuarios que salpican el valle de Katmandú y Nepal entero.
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