Los bosques del Canal.
Gamboa es una pequeña población estratégicamente situada en la confluencia del río Chagres con el lago Gatún. Su ubicación a orillas del Canal de Panamá no es casual. Gamboa se fundó en 1911 para alojar a los trabajadores que construían el Canal. Posteriormente, se convirtió en la residencia de los militares estadounidenses, hasta que en 1999 abandonaron la Zona del Canal.
Las calles y los edificios de Gamboa me resultan anodinos, reflejo seguramente de su origen e historia. El entorno, en cambio, es apabullante. A un lado, el Canal de Panamá, con su zona portuaria en la que sobresale la enorme grúa Titán. Al otro lado, por encima de Gamboa se levanta un extraordinario bosque húmedo tropical. Los árboles gigantes sustentados con amplias gambas que puedo admirar sin siquiera salir de Gamboa provocan que pronto me olvide de la también gigantesca grúa Titán. Y que recuerde lo que realmente he venido a buscar a Gamboa: ¡sus selvas!
El paraíso de las aves (8 de 8)
Tane Mahuta, el señor del bosque.
En la mitología maorí, Tane Mahuta es el dios de los bosques.
Tane Mahuta también es el nombre del árbol más espectacular de Nueva Zelanda. Se trata de un gigantesco Kaurí que ya impresiona con solo escuchar sus dimensiones. Aunque no es un árbol particularmente alto ya que no alcanza los 50 metros altura, sus medidas parecen fuera de la realidad, ya que se le calcula un volumen del tronco de 255 metros cúbicos y un volumen total de nada menos que ¡516 metros cúbicos! Estas cifras convierten al Kaurí en la tercera conífera más grande del mundo, tras la Sequoya Gigante y la Sequoya Roja.
El paraíso de las aves (7 de 8)
El monte sagrado de los maoríes.
Las montañas sagradas de Tongariro se convirtieron en 1894 en el primer parque nacional de Nueva Zelanda y el cuarto del mundo.
Empiezo a caminar por el Tongariro Alpine Crossing, reconocido como el mejor trekking de una jornada de Nueva Zelanda. De momento no puedo corroborarlo. Avanzo en medio de una espesa niebla y el geométrico cono del Ngauruhoe, que debe de estar enfrente de mis narices, parece haberse esfumado. De repente, pasado el Red Crater, el punto más alto del recorrido, las nubes se empiezan a abrir y la montaña me regala por un momento una preciosa instantánea de los lagos esmeralda. Los grandes volcanes, el Ngauruhoe y el Tongariro, permanecen ocultos a mi vista.
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