Progreso:

El bosque en silencio (1 de 4)

Un relato forestal viajero por Finlandia en invierno de 2015

El bosque está en silencio. No se oye nada.

Atardece en Petajasaari, una de las más de 3.000 pequeñas islas del lago Inari, en la Laponia finlandesa. Mientras mis compañeros descansan en la cabaña, aprovecho para dar un pequeño paseo por los alrededores. Me interno en el pinar abriendo huella pesadamente por un manto de nieve de más de medio metro. Me detengo y espero con paciencia que algún animal se mueva y delate su presencia, pero en vano, todo está quieto, en silencio, como si estuviera helado.

Quedan varias semanas para que con la entrada de la primavera el retorno de las aves transforme este silencio gélido en un hervidero de cantos. Las aves migratorias siempre han tenido un gran significado para la gente de Laponia: el nombre finlandés de la Vía Láctea es Linnunrata, o el Camino de las Aves, ya que se creía que la usaban como guía en el viaje a sus refugios invernales del sur.

Mientras tanto, unas pocas especies de aves se atreven a soportar el duro invierno en los bosques boreales: el lagópodo, el urogallo, el cuervo, el kukeli o arrendajo funesto, el pico tridáctilo o el cárabo gavilán, que parecen esconderse a mi vista.

Atardecer en el lago Inari

Solo las huellas en la nieve de liebres y otros rastros para mí desconocidos delatan a los habitantes del bosque. Me afano con encontrar huellas de glotón o tal vez de oso. Sin embargo, los glotones son cada vez más escasos y los osos están hibernando.

Este hábito de la hibernación, junto a su gran tamaño y su capacidad para levantarse sobre dos patas ha fascinado desde siempre a los Samis o lapones, originando un sinfín de leyendas sobre el indiscutible rey de la taiga. Según una antigua leyenda Sami, en tiempos remotos el oso no sabía hibernar. Un día, el oso se encontró a Jesús, que estaba muy cansado y le pidió que le llevara a Emaús. El oso miró a Jesús y viendo que no parecía muy fuerte lo cargó hasta su destino. En agradecimiento, Jesús enseñó al oso a buscar un refugio invernal en el que no le encontrara la gente y en el que no pasara hambre hasta primavera.

La leyenda afirma que el lobo tuvo menos fortuna, ya que cuando Jesús le pidió ayuda, éste lo rechazó, diciendo que estaba muy ocupado buscando comida. Jesús se enfadó y dijo que el lobo siempre andaría hambriento. Desde entonces, el lobo vaga sin amigos por las montañas. Entre los samis, se habla a menudo del hombre como un lobo sobre dos patas….

Huellas de liebre en la nieve

Regreso de mis pensamientos y escucho: el bosque sigue en silencio.

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