Renos, renos y renos
Termino mi viaje por Suecia. He dejado para el final lo más espectacular: los Alpes Escandinavos. Me han citado en Kiruna con el resto del grupo con el que voy a pasar una semana entre las montañas más altas de Suecia, recorriendo un tramo del Kungsleden o Camino del Rey. Algunos consideran que los 440 kilómetros del trekking del Kungsleden conforman una de los mejores rutas de senderismo de Europa. En Kiruna nos espera Jaime Barrallo, el guía de la agencia Tierras Polares que nos va a conducir a lo largo de los más de 105 kilómetros que separan las poblaciones de Abisko y Nikkaluotta, en el extremo norte del Kungsleden.

Hace ya varios días que he cruzado el Círculo Polar Ártico, concretamente a la altura de Jokkmokk. Estoy en tierra de renos, aunque de momento solo he podido ver unos pocos ejemplares solitarios. Ya he aprendido que la mayor parte de los renos de Suecia realizan migraciones anuales entre los pastos de verano en montañas como las de Abisko y las tierras de pastoreo de invierno en bosques boreales como los de Jokkmokk.

Antes de arrancar el trekking por las montañas de Abisko quiero aprender un poco más acerca de los Samis y del pastoreo de renos. En Jokkmok visito el Ájtte o Museo Sueco de los Samis y las Montañas. Cerca de Kiruna me acerco al Márkanbáiki, un museo al aire libre sobre la cultura Sami en el que mantienen un pequeño rebaño de renos en cautividad. Ambos museos me abren los ojos al fascinante mundo de la cultura Sami.
En Suecia, la ley otorga al pueblo Sami el derecho exclusivo para el pastoreo de renos, un derecho de uso que no implica la propiedad de la tierra. En consecuencia, los propietarios de los bosques están obligados a aceptar que los renos pasten en sus terrenos e incluso a adaptar la gestión forestal a sus necesidades.
Sin embargo, la convivencia entre el aprovechamiento forestal por parte de los propietarios de los terrenos y el pastoreo de renos por parte del pueblo Sami no está exenta de conflictos. El pastoreo invernal de los renos se centra principalmente en el consumo de líquenes terrestres como Cladonia spp. y líquenes epífitos como Bryoria spp. que crecen en áreas boscosas. La gestión forestal intensiva de los pinares ubicados en las tierras de pastoreo de renos destruye estos líquenes, hasta el punto que se estima que en los últimos 60 años los bosques ricos en líquenes han disminuido en Suecia un 71%. El entorno de Jokkmokk es precisamente uno de los epicentros del conflicto. Según me acerco a Jokkmokk puedo observar desde la carretera grandes áreas de pinar taladas mediante cortas a hecho para su posterior plantación que me permiten hacerme una idea de esta problemática entre los pastores de renos y los forestales.

Una vez reunido todo el grupo llega el momento de iniciar el trekking del Kungsleden. La primera jornada atravesamos el Parque Nacional Abisko, que con sus menos de 8.000 hectáreas es una magnífica representación de la naturaleza alpina de las montañas escandinavas. Abisko tiene el honor de ser uno de los nueve primeros parques nacionales declarados en 1909 en toda Europa.


El camino discurre en paralelo al río Abiskojäkka, que en este tramo conforma un bonito cañón entre extensos abedulares que flanquean nuestros primeros pasos por el Kungsleden. El abedul de montaña (Betula pubescens ssp. czerepanovii ) es el árbol que en Suecia se atreve a llegar más al norte y a mayor altitud. Un digno acompañante del pueblo Sami, que durante miles de años ha sobrevivido persiguiendo a las manadas de renos salvajes bajo las adversas condiciones que les ofrecían estas inhóspitas montañas.
A medida que ganamos altitud los abedules empiezan a retirarse, dejando paso por encima de la línea de arbolado a una vegetación arbustiva y herbácea. Entre los pequeños matorrales destaca curiosamente otro abedul. El abedul enano (Betula nana) conforma pequeñas y compactas matas que en estas fechas de primeros de septiembre ya lucen sus tonalidades amarillentas y rojizas. Le acompañan otros coloridos matorrales que ya ofrecen al paseante sus pequeñas bayas, como el arándano rojo (Vaccinium vitis-idaea), diversas zarzas (Rubus arcticus, R. saxatile, R. chamaemorus), la gayuba negra (Arctos alpina) o el cornejo enano (Cornus suecica).

El parque Nacional de Abisko es reconocido también por su variedad en flores alpinas. Como no estamos en la época de floración, nos tenemos que conformar con disfrutar con las moradas flores de la adelfilla (Epilobium angustifolium) o las grandes inflorescencias de la angélica (Angelica archangelica ssp. archangelica). La angélica ha representado tradicionalmente una planta muy importante para los Samis, que la han utilizado en la cocina tradicional, como medicina y como conservante para la leche de reno. Algunos estudios sugieren que los Samis tenían un conocimiento profundo del cultivo y del manejo de esta planta. Un conocimiento de su entorno que sin duda ha resultado clave en la supervivencia de los Samis como pueblo en unas condiciones ambientales tan extremas.

El segundo día del trekking se pone a nevar tímidamente. El leve manto blanco que empieza a vestir las cimas transforma el paisaje amable del día anterior en otro más hostil, ya de alta montaña. Por fin aparecen los primeros renos del trekking, que parecen posar frente a un fondo difuminado por los copos de nieve, como haciéndonos saber que éste es su territorio.


Ya fuera de los límites del parque nacional continuamos la ruta hacia el sur bordeando el lago Alesjaure. Al otro lado del lago se extiende por la orilla un poblado Sami de verano, muy cerca del refugio donde vamos a pasar la noche. Decidimos que a la mañana visitaremos el poblado Sami.

El poblado está vacío. Está claro que los Samis ya han migrado con sus renos a zonas de menor altitud. El ciclo anual de los pastores de renos está marcado por la meteorología, que define el inicio de sus movimientos estacionales. A principios de primavera, los renos y sus pastores inician la migración anual desde los bosques en los que han pasado el invierno hacia los pastos de verano en las montañas. Entre finales de abril y mayo nacen los terneros. A medida que avanza el verano los renos ascienden hacia las montañas más altas en busca de mejor pasto, escapando del calor y de los mosquitos.

Es en estos meses cuando toda la familia Sami suele participar en el marcaje de los terneros mediante diferentes cortes con un cuchillo en sus orejas. Antes del comienzo del celo en septiembre se reúne a los renos machos para su sacrificio. Con la llegada de las primeras heladas y nevadas los renos comienzan a migrar para seguir pastando a menores altitudes. Y ya a principios de invierno, los renos se encuentran de nuevo en sus áreas de pastoreo de invierno en el interior de los bosques donde se alimentarán principalmente de líquenes hasta que en primavera se reinicie el ciclo.

El poblado Sami está compuesto de casas prefabricadas de madera desperdigadas a la orilla del lago. La distribución más habitual es un conjunto de tres edificaciones: vivienda, almacén y letrina, Son construcciones bastantes nuevas, en las que no faltan los paneles solares. Los Samis conservan su modo de vida nómada tradicional pero sin renunciar a las comodidades modernas. Esta modernización ha llegado también a los medios de transporte, como el uso de quads, motos de nieve e incluso de helicópteros para guiar los rebaños. Menos romántico pero más práctico.
De todas formas, en el poblado todavía se mantienen en uso algunas viviendas tradicionales con aspecto de iglú pero construidas con troncos revestidos de corteza de abedul y musgos. Son los “turf huts” o cabañas de césped. Además, como si fueran armazones de enormes tipis, grandes pilas de troncos en forma de V levantada, las llamadas pilas Sami, permanecen a la intemperie listas para calentar a los pastores Sami la próxima temporada.

Regresamos al refugio para retomar la marcha. Seguimos ascendiendo y esta noche dormiremos cerca del paso más alto de nuestro camino, a 1.140 metros de altitud. Cada vez nieva más. Y solo estamos a tres de septiembre.

Los Samis dividen el año en ocho estaciones. El pastoreo de los renos se continúa planificando en función de la meteorología, por lo que el conocimiento tradicional Sami sobre estos elementos es clave en su supervivencia. Más aún si reparamos en que la diferencia de temperaturas entre verano e invierno puede llegar a los 70ºC. Caminando bajo una fuerte nevada, somos conscientes de los rigores del clima en las montañas boreales suecas. A estas montañas hay que venir preparados.
El cambio climático representa una nueva dificultad para los Samis. La inestabilidad de las temperaturas invernales provoca que después de calentamientos y enfriamientos sucesivos la nieve acabe cubierta de una capa de hielo que imposibilita la alimentación invernal de los renos en los bosques a base de líquenes. Esto implica que vez tengan que aportarles cada vez más alimentación complementaria a base de heno, pienso o sacos de líquenes, con el sobrecoste que conlleva para una economía ya debilitada.

En nuestro cuarto día de ruta superamos el collado y ante nuestros ojos se abre el grandioso valle glaciar de Tjaktjvagge. Es uno de esos paisajes que me hacen sentir pequeñito de tamaño, insignificante en medio estas montañas cubiertas por nubes. Pero grande de espíritu, integrado en una naturaleza poderosa cincelada por desaparecidas lenguas glaciares que recuerdan a un tiempo de hielos perpetuos.

Las tres últimas jornadas el camino desciende paulatinamente hasta que abandonamos el sendero del Kungsleden para desviarnos al este hacia Nikkaluotta. En este tramo caminamos bajo la protección del Kebnekaise, que con 2.110 metros de altitud es la montaña más alta de Suecia.
Nos continúan acompañando pequeños grupos de renos rezagados que aún no han comenzado la migración. Solo hemos pasado unos pocos días caminando por estas montañas acompañados de sus renos y ya siento por unos momentos que formo parte de este paisaje. Solo puedo intuir, sin embargo, lo profundo que debe ser el sentimiento de los Samis hacia sus renos y sus montañas. Me quedo con una poesía que encuentro en el museo Márkanbáiki. Una poesía Sami que dice algo así como: “Cuida la belleza aunque solo estés aquí de visita”. Lo intentaré.


Estas semanas recorriendo Suecia he visto cómo el “modelo forestal sueco” ha conseguido que la industria forestal se convirtiera en uno de los motores económicos del país. He visto cómo algunos críticos empiezan a apostar por una silvicultura cercana a la naturaleza que sustituya al modelo predominante de tala rasa y plantación. He visto cómo algunos de los últimos bosques viejos del país se refugian entre los lagos de sus parques nacionales. He visto cómo los Samis conducen en verano sus renos a los pastos de las montañas y cómo en invierno los bajan a los bosques para que se alimenten de unos líquenes cada vez más escasos por culpa de la gestión forestal intensiva.
Leo un artículo sobre la interrelación entre la gestión forestal y el pastoreo de renos en Suecia. Habla de que la silvicultura puede desempeñar un papel fundamental para revertir la tendencia a la disminución de los bosques terrestres con abundancia de líquenes. Habla de una gestión forestal más cuidadosa. Habla de implementar la regeneración natural a partir de árboles semilleros, la silvicultura de cobertura continua u otros métodos de cosecha final más cuidadosos. Leo otros artículos que resaltan la importancia de los bosques viejos para la protección de los líquenes epífitos.
La última noche en Nikkaluotta nos regala como despedida una deslumbrante aurora boreal. ¿Conseguirán caminar de la mano la gestión forestal intensiva, la protección de bosques viejos y el pastoreo de renos? Bosques, lagos y renos. Que las luces del norte les marquen el camino.


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