El bosque de los bisontes.
La historia del bosque de Bialowieza en nada se debería de haber diferenciado de la del resto de bosques de llanura centroeuropeos, que han soportado una continua alteración humana desde los olvidados tiempos del Neolítico hasta nuestros días. Aquí, sin embargo, un simple elemento alteró la dinámica: había bisontes.
Gracias a la presencia de los bisontes, el bosque de Bialowieza ha estado protegido de la acción del hacha, lo que le ha permitido mantener una estructura y una biodiversidad única y le ha valido el calificativo de “el último bosque primigenio de Europa”.
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Detrás de la puerta al paraíso.
Cruzar el portón de entrada a la reserva estricta del bosque de Bialowieza tiene algo de melancólico, de regreso al pasado.
Bialowieza es uno de los mejores ejemplos de bosque mixto de llanura de Europa Central. Recorrerlo pausadamente en otoño es un placer para la vista por la variedad de tonalidades que nos exhibe. En el estrato inferior dominan los carpes (Carpinus betulus) y los arces (Acer platanoides), que relucen con el resplandor dorado de sus hojas. Los tilos (Tilia platyphyllos), por su parte, están más apagados, al ser los primeros que han empezado ya a tirar las hojas. Por encima, hay que levantar bien la vista para admirar el tamaño de algunos fresnos (Fraxinus excelsior) y olmos (Ulmus glabra) que rondan los 40 metros de altura. Más arriba todavía, los abetos rojos (Picea abies) llegan a alcanzar los 55 metros, convirtiéndose en los gigantes del bosque. Como queriendo dar un toque más de color, en los claros se afanan por crecer los abedules (Betula alba) y álamos temblones (Populus tremula), así como algunos pinos silvestres (Pinus sylvestris) dispersos.
Entre todos, el auténtico señor del bosque de Bialowieza es el roble (Quercus robur). No llega tan alto como los abetos rojos ni resplandece con tanta alegría como los carpes o los arces. Pero es el abuelo del bosque; llega a superar los 600 años y alcanza portes espectaculares.
Puszcza Bialowiezka (1 de 5)
Un relato forestal viajero por el bosque polaco de Bialowieza en 2017.
Este es el relato de un viaje al bosque de Bialowieza, en la frontera entre Polonia y Bielorusia. Bialowieza, el bosque ancestral, el bosque de los bisontes. Y para el camino me acompaña Walden, de Thoreau. Y una frase atronadora: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente”
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