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El paraíso de las aves (6 de 8)

El paraíso de las aves (6 de 8)

La transformación de Aotearoa.
Wellington es la capital de Nueva Zelanda. Ubicada al sur de la Isla Norte, es una ciudad agradable, pequeña, pegada a una enorme bahía que le da luminosidad. En un extremo de la bahía se sitúa el museo Te Papa, en el que quiero ver “La transformación de Aotearoa”, una exposición sobre la degradación de los bosques de Nueva Zelanda desde que llegaron los primeros humanos.
Allí donde un día dominaron impenetrables bosques de Kauris, Rimus, Totaras o Kahikateas, el paisaje de las grandes llanuras de Nueva Zelanda está dominado hoy por grandes extensiones de pastizales repletos de ovejas, en mosaico con infinitas plantaciones de Pino radiata. Se trata de uno de los procesos de destrucción del bosque más rápido de la historia de la humanidad.
Pero “la transformación de Aotearoa” no es solo una historia de la destrucción de sus bosques, también es la historia de cómo las personas han llegado a amar y cuidar esta tierra.

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El paraíso de las aves (5 de 8)

El paraíso de las aves (5 de 8)

Los recién llegados.
Se estima que los maoríes arribaron por primera vez a Nueva Zelanda hacia el año 1200, navegando provenientes de la Polinesia. Estos recién llegados no vinieron solos. Les acompañaban perros, ratas, cerdos y pequeñas aves.
Los primeros europeos llegaron en 1642, cuando una expedición encabezada por Abel Tasman fondeó en la costa norte de la isla sur. El desembarco de estos nuevos recién llegados no había hecho nada más que comenzar.
Acabo de iniciar un trekking de tres días por el Parque Nacional de Abel Tasman, muy cerca de la bahía en la que fondeó por primera vez el propio Abel Tasman. El Abel Tasman Coast Track es una de las nueve grandes rutas de senderismo oficiales de Nueva Zelanda y seguramente la más concurrida de turistas, los últimos recién llegados.

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El paraíso de las aves (4 de 8)

El paraíso de las aves (4 de 8)

Christchurch.
El Fantail o piwakawaka es un pájaro bello, frágil y desprende magia. Es un divertido acompañante de los caminantes. Revolotea siguiendo nuestros pasos, despliega su cola en abanico y parece querer vacilarnos con sus bruscos e infatigables cambios de dirección.
Christchurch es la mayor ciudad de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Como el Fantail, es bella, frágil y desprende magia. A las afueras de Christchurch, más allá del magnífico jardín botánico, descubro otro rincón bello, frágil y mágico: el bosque de Riccarton, el último remanente de los antiguos bosques pantanosos de podocarpus que un día cubrieron amplias áreas de la región. Son únicamente siete hectáreas con diversos árboles locales, entre los que destacan los Kahikateas (Dacricarpus dacrydioides), el árbol más alto de Nueva Zelanda, que puede llegar a superar los 60 metros de altura.

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