Progreso:

La selva de los mayas (5.2 de 5)

5.2. La vida en la selva de los lacandones

La comunidad lacandona de Lacanjá Chansayab  se encuentra en el interior de la selva, pero al pasear por sus sus calles la vegetación que veo a mi alrededor es otra: campos y campos de maíz entre los que aparecen otras especies agrícolas. En la milpa lacandona, además de maíz, frijol, calabaza y chile, se cultiva una gran variedad de tubérculos y frutos como la papaya y el plátano.

Maizal

El sistema de agricultura rotatoria propio de la milpa maya configura un mosaico en el que los terrenos de cultivo instalados en pequeños claros de la selva se alternan con los acahuales o parcelas en regeneración sobre las antiguos áreas agrícolas y con los bosques densos. Cada uno de estos ecosistemas aporta recursos específicos a la economía de los lacandones. Tradicionalmente, los hombres lacandones dedicaban gran parte de su día al trabajo en la milpa, además de la cacería y la recolección de productos de la selva y las mujeres y los niños colaboraban durante la cosecha, cuando se requiere más mano de obra. En la actualidad, gran parte de los lacandones de Lacanjá compaginan el trabajo en la milpa con otras actividades relacionadas con el ecoturismo.

Cultivo de roza, tumba y quema

El ciclo de la milpa se inicia con la roza, tumba y quema de pequeños parches de selva, como puedo comprobar en el sendero hacia la Cascada de las Golondrinas. Tras las primeras lluvias después de la quema, se siembra el maíz y el resto de productos del policultivo. La fertilidad del suelo y su cuidadoso manejo permite a los lacandones mantener la milpa entre cuatro y ocho años, tras los que se inicia su conversión en acahual. Los lacandones identifican las diferentes etapas en la regeneración del bosque y los árboles asociados a cada una de ellas. Entre las especies pioneras destaca la Balsa (Ochroma pyramidale) o el Guarumo (Cecropia sp.), árbol que mantiene una asociación mutualista con una agresiva hormiga que le protege de los herbívoros y de las plantas trepadoras.

En mis paseos, compruebo que los lacandones plantan diversas especies en sus acahuales para facilitar la regeneración de maderas valiosas como la Caoba, frutos como el Cacao o palmas como el Xate. Los lacandones también obtienen recursos de la selva, donde pueden cazar pecarís, tepezcuintles o armadillos, recolectar plantas silvestres y extraer madera para su autoconsumo.

Palma Xate
Palma Xate
Guarumo
Guarumo
Tablas cortadas en la Selva Lacandona
Madera de la selva

Durante mi visita, se celebra en Lacanjá la “Exposición Cultural Lacandona”, así que me acerco para intentar “acercarme” un poco más a la forma de vida de los habitantes de la Selva Lacandona. La antigua pista de aterrizaje aparece bordeada por puestos de venta de artesanía y comida tradicional lacandona. Entre collares de semillas, mochilas de corteza de majagua, atrapasueños, tallas de madera de Jobillo (Astronium graveolens) y otras artesanías lacandonas, me llevo de recuerdo un pequeño bolso de corteza de Amate. Y antes de continuar el recorrido por la exposición ceno un par de tamales en uno de los puestos de comida.

Lacanjá Chansayab

En otro pequeño puesto, un joven lacandón vestido con la tradicional túnica blanca vende la también tradicional bebida de balché. Para su elaboración se recolecta la corteza del árbol Balché (Lonchocarpus violaceus) , a la que tras dejarla secar, se le extrae el jugo. Tras un proceso de fermentación, la bebida sagrada maya de balché ya está lista para su consumo.

En el Centro de Salud se están desarrollando otras actividades. Una técnica de CONANP dirige un taller de huellas de la Selva Lacandona para los niños. A su lado, dos jóvenes lacandones explican los resultados del monitoreo comunitario que desarrollan desde hace algo más de un año. Junto a las imágenes de fauna sorprendida por las cámaras trampa, muestran huesos de cocodrilo, ocelote o mono aullador. También hacen brigadas de vigilancia ambiental, contra incendios o de limpieza de las brechas. Los lacandones se enorgullecen de ser los “guardianes de la selva”.

Puesto de venta de Balché
Puesto de muestra del monitoreo comunitario

Tomo asiento porque llega el momento del cuento lacandón, que narra la historia de un joven cazador de monos. Me recuerda al mono araña que acababa de ver por la mañana, al que los lacandones mantenían encerrado en un jaulón tras rescatarlo porque a la madre la había matado otro animal. El cuento lacandón es una historia que su abuelita le contaba desde niña a Esmeralda, la cuentacuentos, y dice algo así:

Mono araña en cautividad

Resulta que en la comunidad había un joven al que le gustaba ir a cazar monos. A los lacandones les gusta ir a la selva a cazar monos, venados o tepezcuintles para conseguir carne para su consumo. Pero dicen que cuando este muchacho cazaba un mono solo se llevaba la cabeza, como trofeo, y dejaba el cuerpo ahí tirado. Dicen que una vez no regresó de la cacería, por lo que su padre tuvo que ir a la selva a buscarlo. Y dicen que lo encontró en la copa de un árbol, sin su túnica blanca, y que los monos le mordían, le jalaban del pelo y que solo podía comer frutas amargas que no le gustaban. Dicen que el padre no tuvo más remedio que matar a su hijo de un disparo para que dejara de sufrir. Y dicen que la familia entera acabó comiendo la carne del joven, pues en realidad ya se había convertido en un mono. Por eso, los lacandones cuando van a la cacería no desperdician nada, para que no les pase como al pobre muchacho”.

Cuento lacandón

El cuento del cazador de monos muestra un pueblo lacandón que se relacionaba con la selva a través del aprovechamiento integral y sostenible de los recursos que ésta les ofrecía. La llegada del ecoturismo ha generado en los lacandones una nueva conciencia ecológica, que ahora gira en torno a la preservación. A pesar de que el ecoturismo ha sustituido a la selva como su principal fuente de recursos, los lacandones continúan viviendo en una estrecha conexión con su entorno hasta el punto de que se autodenominan “los guardianes de la selva”, de la Selva Lacandona.

Todo parece en equilibrio en la selva de los lacandones. ¿Todo? La realidad, como casi siempre, es más compleja. En la Selva Lacandona se desarrolla un largo y duro conflicto focalizado en la tenencia de la tierra. Y para entenderlo, hay que conocer un poco la historia de los diversos grupos de población que en diversas épocas has conseguido asentarse en estas selváticas tierras.

El Laberinto, Yaxchilán
El Laberinto, Yaxchilán

Los antiguos mayas  construyeron algunas de sus monumentales ciudades en el interior de la Selva Lacandona, de las que Yaxchilán fue posiblemente la más importante. Con la llegada de los españoles, la Selva Lacandona se convirtió en una “zona de guerra”. Los cronistas españoles narran la presencia de indígenas belicosos en el interior de estas selvas. Les denominaron “los lacandones”. Por desgracia, los lacandones fueron masacrados y en 1712 murieron sus últimos integrantes.

En ese mismo siglo XVIII, llegaron a la Selva Lacandona otros grupos mayas provenientes del Yucatán y del Petén guatemalteco y se asentaron a las orillas del río Usumacinta. Estos pueblos mayas venidos del exterior acabaron recibiendo con el tiempo el nombre de Lacandones.

Entre 1822 y 1910, la Selva Lacandona fue explotada por empresas madereras extranjeras, que extraían la madera por vía fluvial y usaban como mano de obra a indígenas mayas Tzeltales y Choles llevados a la selva para trabajar como peones. Con la Primera Guerra Mundial y la Revolución mexicana se abandonaron las explotaciones forestales y durante los siguientes treinta años, la región quedó semi desierta, únicamente poblada por unas cuantas familias de los «nuevos» Lacandones.

Inducidos por el Gobierno, en la década de 1950 comenzó la colonización de la Selva Lacandona por indígenas mayas que habían sido expulsados de las grandes haciendas y latifundios ganaderos y cafetaleros. A finales de los 60 el Gobierno retomó el interés por la explotación maderera, lo que parece estar detrás de los siguientes episodios que se sucedieron en la Selva Lacandona.

Caoba

En 1971, a través del llamado Decreto de la Comunidad Lacandona se otorgó la propiedad de 614.000 hectáreas de selva a 66 familias Lacandonas. El Decreto de la Comunidad Lacandona se basaba en el mito de que eran los descendientes directos de los antiguos mayas para conceder a los Lacandones derechos históricos como propietarios de la Selva Lacandona. Pero no se tuvo en cuenta que en ese momento existían otros 47 poblados Tzeltales, Choles y Tojolabales reclamando su reconocimiento agrario en la zona.

Al año de decretar la Comunidad Lacandona, el Gobierno creó la empresa forestal COFOLASA para explotar las maderas preciosas de la selva, que obtuvo la concesión de más de 35.000 m3 anuales de Caoba y Cedro en terrenos de los Lacandones.

Ceiba

Y pocos años después, en 1978 se decretó la Reserva de la Biosfera Montes Azules sobre 331.200 hectáreas de la parte central de la Selva Lacandona.

Los decretos de la Comunidad Lacandona y de la Reserva Montes Azules provocaron un clima de intimidación y represión sobre las comunidades que se habían asentado en las décadas anteriores en la Selva Lacandona. El estado de inseguridad de estas comunidades pobres, que desde ese momento vivieron bajo la amenaza del desalojo violento, se convirtió en una de las causas directas para la formación del ejército zapatista. De hecho, la Selva Lacandona es donde nace el EZLN. El Subcomandante Marcos cuenta en “Yo, Marcos” los motivos del levantamiento:

“Cuando votaron la guerra los compañeros argumentaban de manera diferente. Algunos sectores decían que en lo que no estaban de acuerdo era en lo del Tratado de Libre Comercio, porque así se iba a vender al país. Otros planteaban que el gobierno no cumplía lo que prometía, que ya habían batallado mucho en trámites legales. Otros, que necesitaban la tierra. Por diferentes cosas se fue encontrando el punto en común: había que hacer la guerra.”

Portada de "Yo, Marcos"
Portada de «Yo, Marcos»

Los conflictos por la tenencia de la tierra en la Selva Lacandona se mantienen plenamente vigentes. Unos consideran que los nuevos asentamientos indígenas “son invasores y destructores y por lo tanto hay que desalojarlos y reubicarlos” para garantizar la conservación de la selva. Otros responden que en realidad se intenta mercantilizar la selva con la entrada de empresas biotecnológicas, farmacéuticas o petroleras y que la alternativa pasa por promover la conservación con y para sus pobladores, para lo que resulta preciso identificar alternativas económicas locales. Los Lacandones han encontrado su alternativa a través del ecoturismo. En otras áreas de la Selva Lacandona se podrían fomentar alternativas locales para el aprovechamiento sostenible de sus recursos forestales. Las Concesiones Forestales Comunitarias del Petén y de Quintana Roo seguramente representan dos modelos cercanos a tomar como ejemplo de un manejo exitoso de los recursos naturales de la Selva Maya.

Lacandona en la Selva Lacandona
Lacandón en la Selva Lacandona

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