La comunidad Cofán de Zábalo: ecoturismo con los Cofanes
Una vez asimilada la ceremonia del yajé, nos internamos aún más por la Reserva Faunística de Cuyabeno hasta llegar a Zábalo, la última comunidad Cofán que visitaremos en este viaje forestal.
En 1972, un grupo de familias de Dureno, desplazadas por las petroleras y el resto de amenazas que se cernían sobre su comunidad, abandonó su territorio, se trasladó por el Aguarico río abajo y fundó Zábalo en el interior de la Reserva del Cuyabeno y en medio de una frondosa y extensa selva.

Visité Zábalo en 2010, en el último de mis viajes al territorio Cofán. Para llegar hasta Zábalo hay que descender en canoa por el río Aguarico al igual que hicieron los Cofanes que lo fundaron hace más de 50 años. A medida que nos acercamos a la comunidad, el bosque aluvial gana en exuberancia con árboles emergentes que superan los 40 metros de altura. Empiezo a comprender que los Cofanes vieron en este lugar una imagen de la selva de sus ancestros.


«Fue una vida linda, excelente. Teníamos la selva y la fauna limpia, había muchos animales. Vivíamos muy cómodos; sin bulla ni heridas, la selva era un paraíso. En el año 41 no había ningún blanco, solo había selva. Nuestro mercado diario era la selva, había mucha pesca en los ríos. Teníamos extensos territorios por donde caminábamos, no teníamos límites. No conocíamos lo que eran las enfermedades, por ejemplo, no había gripes. Teníamos nuestros rituales y encuentros con los poderes de la selva. Los samanes eran los que cuidaban la selva, cuidaban a los animales, atraían a la fauna. Cuando era niño no conocía a los hombres blancos. En la selva había muchos monos y muchos sahinos. Ahí, en esa época, solo utilizábamos cerbatanas, no usábamos las escopetas. La bodoquera era lo que usábamos para cazar, preparábamos los venenos de las bodoqueras nosotros mismos de las plantas de la selva. Grupo Focal, etnia Secoya, San Pablo.” (Las palabras de la selva. Estudio psicosocial del impacto de las explotaciones petroleras de Texaco en las comunidades amazónicas de Ecuador. Instituto Hegoa – UPV/EHU)


De la mano de Randy Borman, hijo de misioneros que llegaron al territorio Cofán en los años 50 y que hoy es reconocido como uno de los principales líderes Cofanes, Zábalo ha apostado claramente por el ecoturismo. Durante los días que pasemos en la comunidad nos vamos a alojar en una de las cabañas rústicas destinadas a los turistas y Mauricio va a ser nuestro guía.
Acompañamos a Mauricio en diversos recorridos por la selva tanto a pie como en canoa. Una vez más somos testigo del íntimo conocimiento de los Cofanes de la biodiversidad que atesoran estos bosques. Se han identificado hasta 457 especies vegetales conocidas como útiles para los Cofanes de Zábalo, por sus usos alimenticios, medicinales, combustible, para construcción o culturales. Maurico nos muestra plantas de la selva como el bejuco de la ayahuasca (Banisteriopsis caapi), mientras nos sobrevuelan los guacamayos y nos observan los hoatzines y las tortugas charapa.


Junto al ecoturismo y pequeñas chacras para el autoconsumo, la economía de Zábalo se basa en los recursos de la selva: la caza, la pesca y la recolección de plantas. Aunque las técnicas tradicionales de caza como la bodoquera o cerbatana, las lanzas de chonta o los arcos y flechas han sido sustituidas en gran parte por escopetas, los Cofanes de Zábalo se autoimponen estrictas reglas para minimizar el impacto sobre la caza. La Fundación para la Sobrevivencia Cofán recoge algunas de estas normas en “Cómo los Cofán de Zábalo cuidan su bosque”: una familia solo puede cazar hasta dos huanganas por cada salida de caza; cada hogar solo puede cazar tres pavas por año; solamente pueden cazar monos chorongos de mayo a julio, cuando están más gordos; está prohibida la venta de carne o de animales vivos; en determinadas áreas de reserva no pueden cazar ni tumbar árboles. La comunidad revisa anualmente las reglas y ha establecido multas para los infractores.


La compleja regulación de la caza en Zábalo me hace recordar que la cultura y la cosmovisión del pueblo Cofán están profundamente ligadas a la selva y a sus habitantes:
“…`murciélago´ se dice chimbi o quitsa, también Chimborazo, tres nombres tiene el mismo bicho. El murciélago tiene dueño, nosotros decimos quini´cco, es un árbol grande, sabe vivir en el hueco de ese árbol, en ese palo hueco vive el murciélago y ahí mismo vive el dueño también, el cocoya, el coco, dos palabras. A los murciélagos ese quini´cco ha hecho nacer, el palo ese se llama quini´cco, al árbol del diablo. De ese árbol hay en el monte. Por eso ahí, alguna persona que se muere, un curaca que va ahí y destapa la purta de ese quini´cco, entonces vienen como hormigas a comer a la persona y a la persona mayor la puede acabar de comer” (Los A´i del río Aguarico. Mito y cosmovisión. Mario Califano y Juan Angel Gonzalo. Ed. Abya Yala)


Otro ejemplo de que Zábalo ha articulado su economía en torno a la conservación es el programa de reproducción y reintroducción de la tortuga charapa (Podocnemis unifilis). A finales de la década de los ochenta, los Cofanes de Zábalo se alarmaron porque la caza y la recolección indiscriminada de huevos estaba provocando una significativa disminución en las poblaciones de charapas, anteriormente muy abundantes. “Los mayores cuentan que había bastantes charapas y que, si bajabas por el Aguarico, las tortugas estaban allí, tantas como si fueran piedras”. En el año 1989 tomaron las primeras medidas y se autoimpusieron la prohibición de su consumo. En 1991 decidieron trasladar los nidos a las playas más altas para que no fueran recolectados por personas ajenas a su comunidad. Posteriormente, con el apoyo de varias organizaciones e instituciones, construyeron las primeras playas y piscinas artificiales junto a la comunidad para criar las tortugas recién nacidas antes de devolverlas al río. En las últimas tres décadas han conseguido reintroducir más de 100.000 tortugas charapas en su territorio. Mauricio nos muestra con orgullo los criaderos, nos señala desde la canoa las charapas que descansan al sol junto al río, nos acerca hasta grandes ceibas y, en definitiva, nos invita a sumergirnos en su selva.


Pero todo viaje tiene su final y llega el momento de que me despida de Zábalo y vuelva a navegar por el río Aguarico de vuelta a Lago Agrio y a Quito. Me despido de los Cofanes y de los bosques en los que se dan cobijo mutuo, con el deseo de que el pueblo Cofán consiga seguir viviendo por mucho tiempo en su selva, en “el mejor lugar de la selva”:
“Porque yo he escogido y es el mejor lugar de la selva, porque hay diferentes variedades de cacería y de peces, plantas medicinales, artesanales, porque el suelo es arenoso y uno puede caminar y evitar granos en los pies. Por eso no deben dejarse quitar este lugar de los Cucamas porque ellos algún día van a venir a donde nosotros y van a hacer daño a nuestras tierras”. (El mejor lugar de la selva. Propuesta para la recuperación del territorio Cofán. Ed. Abya Yala)


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