bosques cubanos
Bosques martianos (6 de 6)

Bosques martianos (6 de 6)

El bosque martiano del Ariguanabo.
Antes de tomar el vuelo de vuelta a casa, paso con la bici por delante del aeropuerto sin detenerme. El motivo es que a pocos kilómetros está San Antonio de los Baños y en la carretera de San Antonio a Alquiza, ¡el Bosque Martiano del Ariguanabo!
En lo que anteriormente dicen que fue un vertedero, Rafael Rodríguez “Felo” decidió en 1991 crear un bosque. Pero no un bosque cualquiera. Tenía que reunir todas las especies de árboles y arbustos que Martí menciona en su Diario de Campaña de Cabo Haitiano a Dos Ríos. Nació así el Bosque Martiano del Ariguanabo, un homenaje a Martí y a la naturaleza cubana.
Ya en el avión, rememoro estas semanas en las que he recorrido Cuba en bici. Una tierra de la que, entre todos sus símbolos y contradicciones, me quedo con una frase de Martí escrita en una piedra con forma de corazón en el Bosque Martiano del Ariguanabo: “Quien dice educar, ya dice querer”.

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Bosques martianos (5 de 6)

Bosques martianos (5 de 6)

La Habana.
Cuando piense en La Habana, siempre me vendrá la imagen de ese puzle de 1.000 piezas de mi padre que representa una callejuela de la Habana Vieja. Se ven edificios de diversas alturas, unos pintados de colores, otros desconchados. Rejas de hierro forjado protegen las ventanas. Por encima, un revoltijo de cables y antenas parece querer sombrear la calle bajo el sol del Caribe. La gente camina relajada, sin prisas, por la acera y por la carretera, ante el escaso tráfico. Al fondo se intuye un autobús escolar amarillo y un bicitaxi. Al frente, un viejo coche rojo de los años 30 parece posar orgulloso. Y al final de la calle se alza el Capitolio, como queriendo recordar los esplendores de la vieja Habana.

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Bosques martianos (4 de 6)

Bosques martianos (4 de 6)

Rumbo a la Ciénaga de Zapata.
Recorrer Cuba en bici me está permitiendo explorar las áreas rurales de la isla, pero también descansar y disfrutar de la arquitectura y los encantos de las áreas urbanas, en ciudades tan monumentales como Sancti Spiritus, Trinidad o Cienfuegos.
Precisamente en el escudo de Cienfuegos aparece reflejada una jagua en producción (Genipa americana), símbolo de salud, esperanza y abundancia. En Cienfuegos amanezco contento, pero no por dormir bajo una jagua, sino porque estoy a punto de salir hacia otro de los lugares emblemáticos de mi viaje: ¡la Ciénaga de Zapata! Allí me encontraré con Carlos, Carlitos, otro forestal cubano y viejo amigo, al que ya vine a visitar hace varios años a su casa en Jagüey Grande.
Me interno en la Ciénaga de Zapata con mi amigo Carlos y otros dos compañeros forestales. Visitamos la zona de Las Salinas, para observar los flamencos y otras aves acuáticas. Como buenos forestales, me acaban mostrando un área de tratamientos selvícolas en una masa de soplillo (Lysiloma latisiliquum), un árbol con madera y leña de buena calidad, además de melífera y con buen ramón para el ganado.

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